Crítica

La pintura del artista Ferrante no es meramente una imagen de las cosas; es, ante todo, una conmoción interior que percibe el sentido misterioso de la realidad y lo transforma en color, forma y símbolo. Cada una de las obras del artista es un poema —un viaje nacido del impulso emocional de la creación artística— que se equilibra en la coexistencia de elementos lingüísticos y cromáticos. La dimensión individual se interpreta dentro del universo material, inmortalizada sobre el lienzo como un instante de representación absoluta, como una metonimia: una parte que representa el todo. Huellas, zapatos, sombreros, cigarrillos apagados, discos, pentagramas: estos elementos representan a los hombres, las mujeres, la música, los deseos, las expectativas, la vitalidad, la ira, la nostalgia y el amor que el artista nos presenta. La representación sirve para caracterizar una resonancia interior: la percepción misma que el pintor tiene de la realidad.

Elena Bastelli

La pintura de Alejandro Ferrante es «psicopintura». En el sentido freudiano, la psicopintura se origina en el inconsciente: el pintor proyecta sus pulsiones más profundas en la obra y la presenta al mundo, permitiendo que el espectador tome conciencia de su verdadero significado —y lo descubra personalmente—.

Ibrahim Kodra

Su pintura es sorprendentemente original. El sello estilístico de Ferrante reside en un rico universo de objetos, figuras, siluetas y representaciones bidimensionales combinadas con elementos tridimensionales; todo ello se complementa con inscripciones, frases trazadas con letra menuda y poesía que integran y completan la esencia de los objetos. El conjunto se superpone a fondos de estética informalista: intensos, de colores vivos y cargados de tensión y poder evocador. Los símbolos se entrelazan para dar lugar a nuevos motivos: alusiones frescas que invitan a una profunda contemplación y a una inmersión total en la búsqueda de una comprensión plena.

Andrea Coppini

En sus obras, Ferrante plasma la música y la pasión. Lo hace con toda la alegría y el profundo anhelo que alberga en su interior. Sobre todo, las transmite de una manera única y sorprendente, tendiendo un puente invisible entre él y el público: un abrazo cargado de emoción, capaz de expresar cada matiz de su alma. Los colores se funden con otros elementos inesperados, como papel, vidrio, cuerda o poesía. Así, las pinturas evolucionan hasta convertirse en verdaderas esculturas, adquiriendo mágicamente una nueva dimensión al emerger de la superficie plana.

Paola Maria Vajani

Las obras más recientes de Alejandro trazan una trayectoria pictórica que se vuelve cada vez más etérea, orientándose hacia un mayor énfasis en la abstracción de formas geométricas. Quizás esté aflorando con mayor claridad su formación original como arquitecto; el dibujo presta especial atención a la construcción de simetrías y asimetrías precisas, evocando ejercicios académicos de geometría analítica. En ocasiones, la composición reproduce una forma tridimensional que parece derivar de las geometrías metafísicas de Luca Pacioli; en otras, elementos sencillos definidos por líneas y curvas se equilibran sobre el lienzo, enriquecidos por inserciones de telas decorativas. Sobre esta estructura rigurosa se superpone el elemento de lo inesperado —pasión y color—, que se despliega con libertad y fluidez por la superficie del dibujo, solapándose y desbordando los contornos definidos con precisión. La magia y el atractivo de estas pinturas residen en la tensión creada entre la «razón» y el «sentimiento».

Antonella Ferrari

Su pintura es audaz y apasionada: rigurosa y minimalista en la forma, pero intensa en su carga emocional. Es un estilo pictórico que no busca describir, sino conmover, inquietar, provocar y comunicar a través de las sensaciones que despierta en el espectador. En este sentido, Ferrante concibe el arte como vida, dinamismo, emoción y libertad; cualidades que se expresan mejor mediante temas abstractos y el rechazo a depender de una única técnica compositiva. El artista no parte de una idea preconcebida; por el contrario, permite que la pintura fluya libremente sobre el lienzo, creando chorreaduras aleatorias que sugieren un motivo y se prestan a múltiples interpretaciones, moldeadas por la imaginación del espectador. La gran escala de sus obras invita al espectador a adentrarse —como si cruzara un umbral— en un viaje de descubrimiento. A menudo surgen ecos de su tierra natal —como referencias al tango y su universo—, pero su obra trasciende este ámbito para expresar pasiones atemporales.

Elena Ulacco

Alejandro Juan Ferrante posee una personalidad artística ecléctica, forjada y arraigada tanto en sus estudios de arquitectura en la Universidad de Mar del Plata como en su etapa de aprendizaje junto a maestros pintores argentinos. La paleta de Ferrante —caracterizada por colores profundos, a menudo primarios y vibrantes— carga con el peso de todas sus vidas, pasadas y presentes; la cualidad tridimensional de sus composiciones refleja su periplo existencial a través de Argentina, Italia y Estados Unidos. Para Ferrante, cada lienzo —rico en texturas y color— funciona como una narrativa íntima de episodios de su vida: momentos definidos por la danza, la música, los encuentros y la libertad. En cada obra, emociones teñidas de melancolía y nostalgia se entrelazan con la alegría y la emoción del descubrimiento; es el testimonio de un pasado que nunca se desvanece, construido capa sobre capa mediante la acumulación de momentos vividos. Para dotar de orden al lienzo, algunas de sus obras incorporan líneas y formas predominantemente geométricas, evocando simbólicamente esa sensación de estabilidad, solidez y seguridad que todo ser humano busca en su interior. Así surge un triunfo de la improvisación —un desplazamiento de planos, un cambio repentino de dirección—, un elemento final y transformador que encarna la revolución, la libertad, la vida y la belleza. Esto se convierte en el hilo conductor, el sello distintivo del arte de Ferrante.

Cristina Gilda Artese